| Terremotos y La Fiesta de la Fruta y las Flores |
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La población de Tungurahua, a través de su historia, ha soportado periódicamente los embates de la naturaleza. El 20 de junio de 1698, por el hundimiento del Carihuairazo, se produjo un violento terremoto que destruyó Ambato, Riobamba y Latacunga, causando la muerte de unas 1756 personas. En agosto del mismo año, se refundó la ciudad de Ambato en las alturas de Quisapincha, lugar que no fue conservado. En 1756, por petición de los habitantes, el Rey de España concedió a Ambato el tÃtulo de Villa. Un siglo después, el 4 de febrero de 1797, otro terremoto tan fuerte que se sintió hasta Popayán y Piura, volvió a destruir a Ambato, que perdió el tÃtulo de Villa pasando a dientes variables entre 5% y 12%, atravesando las faldas y cuchillas del Cerro Lifeser de nuevo un Tenientazgo. Al terminar la época colonial, el territorio de Tungurahua constituÃa una unidad poblacional compuesta de familias blancas y de grupos indÃgenas, dedicados a la agricultura ya la artesanÃa, con el adelanto de contar ya con huertos frutales gracias a la calidad del suelo que habÃa favorecido el desarrollo de los árboles europeos. Poco a poco la ciudad fue creciendo hasta adquirir gran importancia comercial y turÃstica, mas, como si la naturaleza se hubiera ensañado con ella, el viernes 5 de agosto de 1949 la ciudad quedó reducida a escombros, actualmente su adelanto material y económico es evidente, Ambato cuenta con casi todos los servicios que cuenta una ciudad moderna, la ruinas y la angustia quedaron atrás. El terremoto dejó cincuenta poblaciones arrasadas, seis mil muertos y millones de pérdidas, quedando detrás de la devastadora hecatombe una secuela de destrucción en las provincias de Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo. La floreciente y progresista ciudad de Ambato fue convertida en un montón de ruinas y el rescate de las vÃctimas fue un trabajo duro y doloroso que conmovió al paÃs y al mundo. La Iglesia Matriz sepultó a varios feligreses, entre los que se encontraban un grupo de niños que se preparaba para recibir su Primera Comunión. Un aspecto triste presentaba el parque Montalvo, en donde habrán desaparecido árboles y las flores; en sus jardines se habÃan cavado fosas para enterar muchos muertos por cuanto en el cementerio general no habrá lugar para depositar más cuerpos, los templos de Santo Domingo, La Merced también se fueron al suelo. Más de la mitad de los edificios quedaron destruidos, mientras que los demás habrán quedado cuarteados e inhabitables. Una visión terrorÃfica presentaba la ciudad tres horas después de la tragedia, sus calles cubiertas de escombros, a cada paso habÃa cadáveres, llantos y lágrimas se observaba por todo sitio, las plazas que ofrecÃan alguna seguridad, en prevención de nuevos temblores servÃan de refugio para miles de personas de toda condición social. La desgracia los habÃa unido fraternalmente. El domingo 7 de agosto Ambato se habÃa convertido en un cementerio, no habÃa agua, ni luz. Quizá lo más importante del desastre se registró en la Iglesia Matriz, lugar en el cual murieron muchas personas. Solo quedó las torres principales, el resto del edificio se habÃa ido al suelo, luego las torres fueron derrocadas por constituir un peligro. Ambato Al igual que en las otras ocasiones, volvió a resurgir de entre sus ruinas hacia nuevos horizontes de progreso y trabajo, gracias al entusiasmo, a esa voluntad férrea y fortaleza de sus hijos, Ambato, ciudad jardÃn, emporio de riqueza y generadora de bienestar, para convertirse en una de las más bellas del Ecuador. Ambato se ha distinguido por la laboriosidad y el talento de sus hijos, y se la llama «La Tierra de los Juanes» por haber sido cuna de tres de los hombres más ilustres del Ecuador: Juan Montalvo, Juan León Mera y Juan Benigno Vela. A raÃz del terremoto de 1949 y como una demostración de la rebeldÃa y el valor de sus hijos, mediante acta suscrita el 17 de febrero de 1951 se creó en Ambato «La Fiesta de las Frutas y de las Flores». Posteriormente y buscando erradicar definitivamente la mala costumbre de jugar con agua para celebrar el carnaval, en 1962 se hizo coincidir dichas fiestas convirtiéndolas en un evento de gran trascendencia artÃstica y cultural. Efectivamente, «La Fiesta de las Frutas y de las Flores» es en la actualidad una de las más cultas, bellas y tradicionales del Ecuador. |




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Comentarios
Juro por Dios, que he hecho honor a ello y siempre donde estuve, hice quedar bien a nuestra ciudad, pues aquà me trajeron a nacer, aunque soy pelileño de corazón. la tierra, Tungurahua en general es nuestra madre y con orgullo la mostraremos siempre como la tierra mas linda de la creación. Quote
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